
La Mujerárbol está liada en asuntos que le impiden blogosear tan a menudo como le gustaría. Quiere seriamente cerrar una puerta y abrir otra, por lo que gasta tiempo y energías navegatrices en singladuras con un objetivo a medio-largo plazo al que todavía no se le ven las orejas. Así que lleva de retraso al menos un arquitecto querido (Le Corbusier) y varias noticias comentables.
Hoy, ojeando un interesate site acerca de La Hambruna de Irlanda de 1840 y otros asuntos de inmigración, encontré el grabado que acompaña. La había visto antes, en un libro de 1º de Bachillerato en la parte que trataba de las condiciones de la clase obrera en el siglo XIX.
El dibujo me sonaba a emigrantes irlandeses, sobre todo debido a la presencia del personaje caricaturesco del hombre que ocupa la parte centro-derecha (en tonos oscuros) del grabado. Si el dibujo no pertenece a Punch y a John Leech no vamos mal, pero su crudeza podría ser de cualquier otro ilustrador que hubiese querido retratar con acidez un slum de emigrantes. Me da que hoy sería políticamente incorrecto.
La caricaturización del irlandés fue algo bastante común en la prensa popular victoriana, aunque no menor que la idealización del mismo paisaje y paisanaje en la misma época y posteriormente más. De todos modos, el concreto asunto de La Hambruna permitía pocas bromas, toda vez que no fue la primera, aunque sí la que revistió trazas más graves debido a su vastedad y a la postura adoptada por el gobierno inglés.
Un par de siglos antes, las pateras cargadas de irlandeses eran tan habituales en nuestras costas, las de España, que a veces la población se negaba a recibirlos y sus autoridades a dejarles desembarcar, tanto por miedo a las enfermedades que traían -básicamente hambre, que aumentaba cualquier infección a bordo- como por temor a desórdenes sociales.
En 1653 siete navíos cargados de irlandeses llegaron a la Coruña y solamente dos fueron autorizados a desembarcar unos cien hombres. El resto de la flota -con unos 1.900 pasajeros- tuvo que proseguir viaje hacia el Este, negándoseles de nuevo el permiso en Santoña, desde donde arribaron a Pasajes, donde descubrieron que antes que ellos ya habían llegado otros 800 y que, mientras aguardaban su turno de permiso, cayeron enfermos por la falta de alimento y la debilidad.
Al no poder/querer ser socorridos por un comerciante inglés domiciliado en San Sebastián "medio centenar de hombres murieron".
Los barcos que venían de la Coruña no recibieron nada más que agua en diez días, y aunque algunos hombres se lanzaron al mar y trataron de alcanzar el puerto a nado o en botes, apenas lo consiguieron. Cuando les dejaron bajar, fueron acantonados en los muelles de Pasajes sin comida ni abrigo, así que muchos murieron y otros escaparon a mendigar por el campo. Los que valían la pena -es decir, los no se estaban cayendo a pedazos- fueron enviados directamente a reforzas las tropas españolas cerca de Burdeos.
Cuando regresaron a La Coruña, los contratados fueron rechazados de nuevo. Un testigo presencial, inglés, relató que los gallegos -abiertamente contra el desembarco de nuevos "emigrantes", toda vez que no dejaban de llegar barcos con ellos- denegaron totalmente el desembarco y la asistencia, así que la mitad de los hombres murieron de hambre o infectados por los enfermos y los muertos que había entre ellos, tantos que la playa estaba llena de cadáveres que se comían los cochinos y los perros (1).
Eeeh... nada nuevo bajo el sol, salvo que estos pobres europeos venían "con papeles".
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(1) R. A. Stradling: The Spanish monarchy and Irish mercenaries. Irish Academic Press, 1994. VII, I; pp. 94-97.



