Regalo Navideño

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He descubierto que en una vieja página han recortado mi íntegra versión española del Aisling Óengusso, un texto irlandés de un manuscrito del s. XIV, que se publicó en el boletín Gallaecia (nº 17, papel). Aunque también se puede encontrar, junto a otros entretenimientos, en Estrata nº 4, no sé si en este momento la página estará visible (hoy no lo está).

De manera que decido, me apetece y me fascina el ofrecerlo AQUÍ a mis improbables lectores. O sea: ahí queda, con sus errores, sus incongruencias textuales y sus distintas manos y momentos de copia.

Todos esos detalles los explicaré al final del texto, que haré en dos posts. Espero que les guste. Es tal cual procede de mis ejercicios de clase de Narrativa Medieval Irlandesa en lengua nativa, un poquito arreglado para que no pese.

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ESTA ES LA VISION EN SUEÑOS DE OENGUS

Estaba una noche Oengus durmiendo cuando vio una dama en el larguero de su cama. Era la más hermosa que nunca hubo en Irlanda.

Oengus fue a cogerle la mano para llevarla a su cama, pero ella se apartó repentinamente. El no sabía por qué desapareció.

A la mañana siguiente, se levantó triste. Lo que había visto y no le había hablado le hacía sentirse enfermo. No podía ni comer.

A la noche siguiente, ella volvió otra vez. Llevaba en la mano un timpán con el que interpretaba para él la música más dulce, haciéndole dormir. Así estuvo hasta la mañana siguiente. A la mañana siguiente, el no podía comer.

Así pasó un año y ella le estuvo visitando de esa manera hasta que él cayó en una enfermedad devastadora. No se lo había dicho a nadie. Se levantaba y nadie sabía lo que le pasaba.

Se hizo venir a los sanadores de Irlanda. Al final, ninguno sabía qué le pasaba.

Vino entonces Fingen, el sanador de Conchobar. Era el que podía saber la enfermedad que tenía uno (según la cara y cuántos y quienes estaban enfermos en una casa por el humo que salía). Acudió allí.

-¡Ay, no estás bien de salud! -dijo Fingen-, has caído en un "amor en ausencia".

-¡Has dado con mi enfermedad! -respondió Oengus.

-Has caído en una penosa condicion y no atreves a decirlo -dijo Fingen.

-Es cierto -dijo Oengus-. Una joven con la apariencia más hermosa y distinguida de Irlanda viene a visitarme. Con un timpán en su mano, toca para mí todas las noches.

-¡Vaya! -dijo Fingen-, ella te ha escogido como amante. Vé a casa de Boand, tu madre, a que te den consejo.

Fueron donde Boand. Dijo Fingen:

-Estoy curando a este hombre, que tiene una grave enfermedad.

Le contaron a Boand la historia.

-Que lo dejen al cuidado de su madre -dijo Fingen-, una grave enferemdad le ha atacado y ha estado recorriendo toda Irlanda para ver si puedes encontrar una joven con el aspecto de la que ha visto tu hijo.

Estuvieron así hasta el año siguiente. No encontraron a nadie semejante a ella. Entonces, llamaron de nuevo a Fingin.

Dijo Boand:

-No se ha encontrado remedio para este asunto.

Respondió Fingin:

-Que hagan venir al Dagda a aconsejar a su hijo.

Fueron con Dagda otra vez.

-¿Para qué me llamais?

-Para que aconsejes a tu hijo -dijo Boand-. Mejor será que le ayudes. Es una lástima como está quedándose indefenso. Está muy malo. Ha cogido un "amor en ausencia" y no encontramos ayuda para él.

-¿De qué os servirá mi ayuda? -dijo el Dagda-. No es mayor mi conocimiento que el tuyo.

-Sí que es mayor -dijo Fingen-. Eres el Rey de los Sídhe de Irlanda y

            -Id donde Bodb, Rey de los Sídhe de Munster, que es famosa su sabiduría en toda Irlanda.

(Continuará)


 

 

 

 

03/01/2008 21:57.

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