Lo que decía Cathal Óg O'Conor

Cuando me metí en el patatal de escribir ese libro no sabía que iba a divertirme tanto con las fuentes que cayeron en mis manos.
Reunir la documentación para una novela histórica es un placer para quienes nos hemos formado en materia histórica. No es suficiente con que te atraiga la Historia o una parte de ella. No vale leer las obras generales que hay que leer: se debe ir si es posible a las fuentes primarias, se deben leer interpretciones que han hecho otros y es aconsejable caminar los escenarios escogidos o al menos visualizarlos por medio de fotos y reportajes.
El único fin es mantener la mente en ese "estado de sueño vívido y continuo" que supone el sumergirse en la creación de una obra. Casi una enfermedad, lo sé: algunas veces me iba a acostar cuando ya estaba amaneciendo.
Sobre todo usé material de la bilioteca del University College Dublin donde me encontraba haciendo deberes. Primero el O'Sullivan fuente inagotable y preciosa. Más tarde lo compré en una librería de viejo, los dos volúmenes originales y un buen puñado de partituras: una delicia que conservo como oro en paño, porque se publicó hace medio siglo y hasta 2001 no ha sido reeditado. El Walker (Historical Memoirs of the Irish Bards, 1786), una visión romántica-peñazo para el lector moderno; artículos mil en revistas antiguas sobre fundiciones, arpas, viruelas y vida europea e irlandesa del siglo XVIII; la obra de Tomás Ó Máille (1917), con su bonita letra gaélica de imprenta, que también compré luego en una reedición moderna para regalármela.
Pero mi fuente inapreciable fueron las obras del P. Charles O'Conor SJ (fallecido en 1981), en particular un extenso trabajo de los años 30 en el que, con ayuda de los escritos de su antepasado homónimo -Cathal/Charles, el hijo del Donnogh de mi novela-, reconstruía la educación que un joven noble irlandés podía recibir en el s. XVIII: desde las honduras de la tradición con los filidh hereditarios de su familia, los Ó Luinín, Ó Cuirnín y Ó Duigenan, hasta las novedades científicas de su época, pasando por la erudición latina y las traducciones al inglés. Y, desde luego: la enseñanza musical, que corrió a cargo de Carolan y de otros grandes músicos de su época.Gracias a O'Conor SJ me acerqué a las cartas de Cathal Ó Conor y sus diarios. O'Conor (1710-1791) fue un tipo bastante noveloso, con un pathos muy céltico de melancólica y brillante decadencia. Sus cartas, cuando hablan de Carolan, destilan afecto y a veces transmiten imágenes vívidas del carácter y de la vida íntima del compositor.
Los diarios están escritos en un lenguaje conciso y poco adornado, naturalmente en lengua gaélica. En ellos a veces deja escapar algo de sus sentimientos:
8 de Octubre de 1729, miércoles, por la mañana. (Carolan) Me enseñó "Squire Jones" hoy y no le dí las gracias por éllo.
En las cartas, sin embargo, relata cosas y hace juicios sobre ellas.
Por ejemplo cuando narra cierta agria discusión entre Carolan padre e hijo que tuvo lugar en su presencia y que presenta como ejemplo de lo que no debe ser. Al parecer Carolan jr., que también tocaba el arpa, solía entrometerse en las "libertinas" costumbres de su padre, por lo que éste estuvo a punto de partirle la cara. No debían ser buenas las relaciones entre el ciego y su vástago, que como ya he contado en otra ocasión, acabó fugándose con una mujer que no era la suya y los dineros que le dieron en Dublín para editar la obra musical paterna.
El caso es que esas cartas y diarios retrataban a un Carolan más "humano" que el retrato de irlandés borrachuzo y cantarín que yo tenía de el:
En su vida, el y yo hablamos de muchas cosas serias y de muchas frivolidades. Le encantaban las historias jocosas y, como yo le contaba muchas, era su favorito. (Carta a Walker, Abril de 1786)
La entrada del diario de Cathal O'Conor el sábado 25 de Marzo de 1738 todavía se cita como el tributo de un joven discípulo afectado por la muerte de su maestro.
"Torlogh Ó Carolan, el sabio maestro y jefe músico de toda Irlanda murió hoy y fue enterrado en la iglesia de los O'Duigenan de Kilronan, en el sexagésimo octavo año de su vida. Que su alma encuentre perdón, porque era un hombre honesto y religioso".



