Lo que está alrededor de lo que está después
Vivimos en el mundo de la igualdad, pero no aquella igualdad en la inteligencia con la que soñasen los bondadosos y nefastos racionalistas, sino en la única igualdad posible bajo el imperio del mercado, la poesía de chacina, la literatura considerada como una especialidad de la podología y el arte de teatro chino, treinta euros el francés y cómprate un bonobús si quieres ver mundo. Sufrimos la igualdad de lo feo, lo mediocre, lo intencionalmente corto de miras porque el hombre contemporáneo, sujeto de la posthistoria, no puede alzar la vista más allá del sobaco del vecino sin sentir el vértigo infinito de su infinita y preciadísima ignorancia.
Y con esto no queda dicho todo. ¡Hala!



